La creación de zonas verdes y su posterior mantenimiento son garantía de calidad de vida. Existe una correlación entre el confort y bienestar urbano con la creación de dichas zonas verdes, ya que las zonas verdes cumplen unas funciones dentro de la sociedad actual que son indispensables en el desarrollo de la vida cotidiana de un municipio.
Las zonas verdes tienen que tener unas características que hagan agradable y confortable tanto la estancia como el tránsito por ellas. Las plantas y todos los demás elementos que componen un parque o jardín pueden modificar el ambiente en ese espacio para que sea agradable a los sentidos (olores, colores, sonidos texturas) y a la mente (relajación, tranquilidad, descanso, esparcimiento).
Los espacios verdes influyen en la persona. La topografía, la luminosidad, el color, los aromas, los sonidos, la vegetación, son los elementos que producen esa sensación de relajación. Diferentes estudios han demostrado que en las grandes ciudades lo que más influye es el color.
La vegetación produce una relajación cerebral. La población urbana requiere de unos espacios de reunión y esparcimiento, de aislamiento, de relajación, donde poder pasear, charlar, o practicar deporte. Todo ello se consigue con una buena coordinación de las formas y colores de la vegetación combinadas junto con instalaciones de recreo y deportivas dentro de las propias zonas verdes o en sus inmediaciones.
Los espacios verdes ayudan a suavizar la dureza y sequedad del asfalto y la monotonía de paisaje que ofrecen a veces las edificaciones. Dan un poco de color y vida a las ciudades:
Además las zonas verdes tienen que satisfacer las necesidades de la población que no son las mismas en la niñez, juventud, en la edad adulta o en la vejez:





